“Lo real se confundía con lo soñado o,mejor dicho,
lo real era una de las configuraciones del sueño”
Borges, de El hacedor

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Se puede afirmar sin mucha duda que quien se aproxime a esta primera exposición formal de la obra de Oscar Nuñez (conocido como Mr. Owl en las redes) se enfrentará a una experiencia donde realidad y sueño en su mutuo préstamo de virtudes diluyen sus límites.

El centro de la obra del artista corresponde a la transformación de personajes reales tomados fotográficamente a una obra pictórica digital: imágenes que se muestran tomadas con la distancia reflexiva del extranjero y con el coqueto sobrevuelo del diletante. La intervención realizada computacionalmente transforma al personaje central mediante la inserción de elementos idiosincrásicos de interés para el artista. Tales elementos, con toda evidencia, apelan por sus colores fuertes e intensos, sus tramas y por los elementos llenos de simbología que inserta, una estética relacionada con lo místico y lo psicodélico, con los tintes de la sabiduría perenne y trascendental de oriente y de los pueblos originarios latinoamericanos, y que evocan por su cercanía temática el retorno al origen, a la simpleza y a lo natural. Por eso mismo es que el autor denomina a su exposición mediante el título o slogan “personajes reales en mundos imaginarios”.

También, evocan al cartel publicitario por la organización de los elementos, las bajadas textuales y por la utilización de diversas técnicas del branding en la tipografía y en los personajes. Mr. Owl transforma en un producto deseable, de consumo, a los personajes resituados en sus obras. Se ha dicho que el arte ha sido cooptado por el capitalismo; aquí Mr. Owl muestra el movimiento inverso: coopta los elementos y técnicas del capitalismo para meterlos en una galería de arte a través de sus obras.

De allí, que la realidad entendida como eso que nos ofrece resistencia a las tendencias de nuestra subjetividad, ceda frente a la articulación de Mr. Owl donde deseo, censura, fantasías, prejuicios e inquietudes personales del artista enjugan toda la obra, y por tanto, a la realidad misma de la obra. Esa tensión entre realidades se expresa con un pleno sentido cuando Núñez acompaña su obra con la fotografía original que sirvió como inspiración. De no presentarse ambos elementos, el conjunto de intuiciones y sensaciones que son gatilladas no se manifestarían con el ímpetu que el observador experimenta.

Lo que parece más notable es que las fotografías –que pudieran parecer de postal-, muestran a sujetos marcados por la historia de aquellos que padecen los embates de la sobrevivencia diaria y que el sistema ha impuesto a fuerza al margen: en esos recovecos invisibilizados para las masas ansiosas por consumir lo último en boga en el mercado. Son vidas que, para aquel que puede darse el tiempo de ir a una inauguración de arte y acompañarla con una grata conversación y un vino espumante,  tal vez no resulten ni tan deseables ni tan interesantes como para gastar el tiempo en consumirlas. Justo lo exactamente opuesto que genera la imagen intervenida por Mr. Owl. De ahí que se pueda decir que, de cierta forma, Núñez intenta rescatar y develar (o inclusive capitalizar) la profundidad y valor de estos seres humanos como bellos y sencillos personajes,  mediante los medios y técnicas que han empleado la publicidad para envolver de deseabilidad mercancías efímeras.

A nuestro juicio, la verdad de esta obra se muestra en la tensión de la mutua negación de los dos mundos que nos presenta Núñez, y en el gesto irónico que de su encuentro se deriva. En suma, no es que una sea real y otra imaginaria, sino que en el mutuo espejeo se muestra una verdad más profunda y llena de sensaciones.

- Manuel Ugalde, Santiago, 20 de julio de 2014 -